Es evidente que no es feliz en su relación, pero eso no es excusa.
—Mentí, lo siento. Ya te lo he dicho. No puedo estar lejos de ti.
—Ya me dijiste una vez que lo sentías, y aquí estás de nuevo. —digo sin ocultar el sarcasmo.
Su dedo deja de acariciarme y Nick agacha la cabeza. Ahora sí que está avergonzado.
Pero entonces vuelve a levantarla, nuestras miradas se cruzan y la suya desciende hasta mis labios.
Ay, no. No, por favor. No seré capaz de pararlo. Empieza a estudiar mi expresión, a buscar alguna señal de que voy a detenerlo.
¿Voy a hacerlo? Sé que debería, pero no creo...