Y nos quedamos mirándonos. Esta sensación de por sí es más que placentera. Me está
inundando por completo, y siento cómo su miembro palpita en mi interior. Contraigo los músculos a
su alrededor, aunque ninguno de nosotros tiene prisa. Hace frío, estamos mojados, pero
absolutamente felices. No existe nada más.
—¿Quieres que me mueva? —Hace descender su boca hasta la mía—. Dime qué es lo que
quieres, nena.
—A ti. Sea como sea.
—Pues será con un amor incontrolable hacia ti. ¿Te parece bien?
Me parece perfecto. En lugar de responderle lo beso, pero él se aparta con los ojos cargados de
deseo y espera una respuesta verbal.
—Me parece...