—Hola, preciosa mía.
—Hola.
Empiezo a prepararme. Sé lo que va a pasar, o espero saberlo.
Pierde la batalla y me pone los pelos de punta con su sonrisa, flexiona los brazos y desciende
para darme un fuerte beso en los labios.
—Adiós, preciosa mía.
Sus poderosos brazos se tensan al instante y me lanza al agua oscura. Suelto un grito al tiempo
que agito los brazos y las piernas a lo loco, muerta de risa. Caigo al agua aún chillando, pero por
poco tiempo, ya que me sumerjo en ella. Los sonidos amortiguados de frenética actividad en el mar
que me rodea no se deben sólo a mis movimientos,...