—Entonces ¿es oficial? —pregunta tan contenta como si no hubiera oído mi orden.
—¿El qué? —inquiero al tiempo que me siento en la silla que hay frente a él.
—El bebé —dice señalando con un gesto mi vientre—. Que no vas a deshacerte de él.
—¡Lucas! —susurro atónita mirando a las mesas de alrededor.
Estamos a salvo, pero la frialdad de sus palabras me toca una fibra sensible que nadie me había
tocado desde que todo esto empezó. Me llevo la mano a la barriga en un gesto protector, me siento
muy culpable.
Sonríe.
—Addison, sabía que no ibas a hacerlo.
No tengo palabras.
—¿Por qué no me lo dijiste...