—Estoy bien —digo resoplando y tosiendo para intentar despejarme la garganta—. Se me ha
ido por el otro lado.
—Ten. —Nick me quita el cuchillo y el tenedor y me pone en la mano un vaso de agua—. Bebe.
—Gracias. —Acepto el vaso y me lo bebo de un trago.
Intento no mirar a Lucas, pero fracaso estrepitosamente. Me siento vulnerable, y su talante
juguetón es como un imán. Ahora está gesticulando como si estuviera haciendo una mamada, mueve la mano arriba y abajo, masturbando una polla imaginaria delante de su boca. Escupo agua en todas direcciones: encima de Derek y de Samanta. Tengo buena puntería, porque también rocío a...