Eso me hace reír, y más cuando Nick da un respingo de disgusto y le arrebata los sobres de
entre los dedos arrugados.
—Sí, es muy lindo —confirmo. De repente soy capaz de articular una frase entera—. Pero yo
creo que vas a echar de menos a Clive, ¿no, Cathy?
—¡Para nada! —Saca los bagels y nos los enseña. Nick y yo asentimos—. Voy a salir con él
esta noche.
Le doy un codazo a mi hombre mientras mordisqueo los bordes de mi galleta, pero él me ignora.
En vez de darle gusto a mi mente curiosa, se dedica a abrir el correo.
—¡Seguro que lo pasan bien! —digo. Esto...