—¡De maravilla! Pasa. —Mira por encima de mi hombro con el ceño ligeramente fruncido y me
insta a entrar rápidamente.
La dejo con su curiosidad porque explicarle lo de Mark me llevaría una eternidad, y no quiero
permanecer aquí más tiempo del necesario. Tengo que ser lo más profesional posible.
Me dirige por el pasillo hacia la cocina.
—¿Qué tal el fin de semana?
Bien y mal. Estupendo y horrible. Parece que han pasado años luz.
—Bien, gracias. ¿Qué tal el tuyo? —Me siento a la inmensa mesa de roble y saco mis archivos.
—Estupendo —canturrea, y se sienta a mi lado.
Sonrío amablemente y abro su archivo.
—¿De qué...