—Parece que soy más listo que mi preciosa mujer —dice tomándome de los tobillos.
—¡Serás arrogante!
—No, sólo digo la verdad. Verás, yo me había dado cuenta de que me estaba enamorando de ti
mucho antes de aquello.
Hago un mohín.
—¿Y eso te hace ser más listo que yo?
—En efecto. Mientras tú huías de mí, yo me pasaba el día frustrado. Pensaba que estabas mal de
la cabeza —sonríe tímidamente— porque no te sometías a mí.
—A diferencia de las demás...
Imagino que el rechazo debía de resultarle muy frustrante a un hombre que siempre hacía lo que
quería sin que nadie le pusiera ninguna pega. Asiente y...