—Ahí tienes. —Le doy el test, lo toma y me pasa otro—. ¿Qué?
Frunzo el ceño al verlo.
—Te lo he dicho: a veces fallan. Vamos.
Miro al cielo, desesperada, pero tomo el puñetero stick y repito la operación. En cuanto he
terminado, me pasa un tercero.
—¡Venga ya!
—Uno más —dice quitándole la capucha.
—Hay que ver... —Lo tomo de mala gana y me lo meto entre las piernas—. ¡El último!
Vacío del todo la vejiga para que así sea físicamente imposible que pueda mear en más test de
embarazo.
—Toma.
Corto un trozo de papel higiénico y me limpio mientras él lleva las tres pruebas al lavabo y...