—Eso es bueno—.
—No lo es —le dije.
—Nena, para mí es brillante. Incluso magnífico—.
Puse mi mano contra su boca y pude sentir su risa contra mi piel. Hice todo lo posible para no reírme con él. —Te estás volviendo terrible a cada segundo que pasa—.
—Ansías mi atención—.
—Yo no he dicho eso—.
—Sé lo que estás pensando, Vicks. No lo ocultes—.
—¿Cambiamos de tema?
Harry se acercó a mi cara y sentí su aliento recorriendo mi piel. —¿Te cambiamos las bragas?
—Discúlpame, Harry—. Dije y me levanté de mi asiento. Caminé por el avión, pero le oí seguirme directamente. Unos cuantos saludos salieron de su boca a...