Sin embargo, prefería que Verónica no viera a Harry tocándome el culo cada vez que podía.
—Cariño, déjame —dijo Harry mientras movía sus besos hacia mi mandíbula.
—Mi jefe está mirando —dije con los ojos cerrados. Sus besos me hicieron sentir débil.
—Yo también soy tu jefe y te he visto desnuda a menudo—. Harry habló contra mi piel ardiente.
Le agarré la cara y le besé bruscamente en los labios antes de apartarme. —No te pongas chulo, Stone—. comenté.
Me guiñó un ojo y me dio un beso en los labios antes de volver a ponerse las gafas de sol. —Ponte a trabajar, nena —me animó.
No quería dejarlo...