En cierto modo, siempre aprecié la compañía de Andrea. Era una mujer de buen corazón que siempre se dejaba la piel para alcanzar nuevas metas. Aunque apenas nos entendía, y nosotros a ella, era como una familia para todos nosotros. El Moulin Rouge era toda una familia.
A excepción de Jess y Carmen, no fueron amadas.
Andrea abrió la bolsa que cubría el vestido. Bajó la cremallera y me quedé mirando con adoración cuando vi aparecer el vestido entero a mi vista. Una enorme sonrisa apareció en mi rostro, la felicidad recorrió todo mi cuerpo. Era uno de los vestidos más bonitos que había visto nunca. No estaba lleno de...