Capítulo veintidós
Narración: Derecca Cartwright
No podía abrir los ojos. Los sentía tan pesados que incluso llegué a la conclusión que quizás debería volver a desmayarme para no sentir el dolor abrazador qué sentía detrás de ellos y en mi estómago. Oí sonidos de voces, muchas voces hablando confundidas y asustadas. Tenía que espabilar y mirar qué sucedía.
Lentamente, fui abriendo mis ojos a la luz cegadora del sol. Entonces comencé a comprender lo que decían las voces:
—¿Dónde…?
—¡Cuidado, atrapado, atrapado!
—¡Mamáaaa!
Calculé al menos a 30 personas de todas las edades en medio de un bosque totalmente despavoridas corriendo para todos lados, sin saber qué sucedía ni dónde...