Algo que Esmeralda sabía al despertar, eran dos cosas. La primera, era que estaba muy, muy dolorida, aunque ya sabía porqué. Y lo segundo, que alguien la estaba sujetando de la cintura y que se sentía muy, muy bien; claramente ya sabía quién era. Sonrío satisfecha con los ojos aún cerrados y suspiró de felicidad, recordaba vagamente haberse dormido a eso de las tres de la mañana luego de su tercer orgasmo, cuando ya no pudo más y su cuerpo le suplico dormir.
Se estiró cuál gatito y gimió de placer, era una manera extraordinaria de despertar. Poco a poco, comenzó a abrir sus ojos. Se sobresaltó al darse cuenta...