—¡Eres tú! ¡Eres tú quien ha matado a mi hermana! —gritó Luz con furia.
Tristán, la persona más calmada en la sala, sacó dos informes médicos de su bolso en silencio.
—¿Así que ahora todo es culpa mía, y ustedes siguen viviendo sus vidas sin preocupaciones? —dijo, con una voz fría y cargada de reproche—. Todos los presentes aquí somos culpables. Todos hemos dañado a Pecadora. Ella fue diagnosticada con depresión severa hace tres años y con cáncer en etapa terminal hace unos meses, pero ninguno de nosotros mostró interés en su bienestar. Ni siquiera nos preocupamos por saber si estaba feliz o no.
Mi mirada se posó en mi...