Mi madre se sentaba inmóvil en la cama del hospital, con la cabeza vendada. A su alrededor, los otros pacientes eran consolados por sus hijos, quienes los rodeaban con cariño. Solo mi madre permanecía sola, mirando con desdén las escenas de afecto familiar ajenas a ella.
Tristán se encargaba de todo, y luego se levantó para preguntar al médico por la situación. Las personas curiosas a su alrededor comenzaron a hablarle:
—¿Ese hombre es tu hijo?
—No, es el novio de mi hija...
—Oh, ¿y por qué tu hija no ha venido? Ese novio parece muy amable, guapo y atento...
A medida que escuchaba estos comentarios, el rostro de mi...