Los Emory y Arya, pasaron la tarde jugando. Eran pasadas las cinco de la tarde cuando esta se dispuso a marcharse, el pequeño hizo un puchero.
—Volveré para leerte, tu papito seguro quiere leerte hoy —asegura ella.
En realidad, la carga emocional es mucha. Quiere volver a casa y llorar. Ayden ha sido espléndida con ella y le ha mostrado una faceta que, ni en un millón de años, se pudo haber imaginado que vería.
Siempre supuso que él seguiría siendo frío y arrogante. Tratándola con desdén como desde el inicio. Pero ese cambio, por lo que comenzaba a gustarle.
—Puedes quedarte… si gustas —sugiere Ayden.
Arya está sorprendida y...