Era un viernes soleado, el clima era perfecto para ir caminando a la clínica que no estaba muy lejos de ahí. Solo cinco manzanas.
—Estás loca —difiere Ayden tomando su maletín—. No irás a pie.
—Por favor, si me canso pido un taxi —insiste la joven embarazada—. No he podido ir a caminar a Central Park, oscurece muy temprano.
Ayden se frota la frente con pesadez.
—Te acompañaré, ya que llegues ¿vale? Te daré tu espacio o me quedaré sentado en una banca mientras caminas de un lado a otro —sugiere con la intención de que ella acceda.
—Vale… —dice ella tomando su bolso también.
Ambos bajan en el elevador,...