Los amantes ahora esposos se hicieron promesas que solo los espíritus escucharon. Entre palabras, besos y caricias se juraron amor eterno.
—Quisiera permanecer contigo así para siempre —dice Arya desnuda, abrazada a su millonario esposo.
—Quiero lo mismo, te prometo que cuando esto termine, tendremos una vida larga y pacífica —asegura Ayden acariciando su vientre.
Ella siente cómo los músculos de este se contraen. Él pasa sus dedos siguiendo las formas de sus estrías, sin sentir pudor o asco. Al contrario, admira el cuerpo de la mujer que ama.
—Si te he dicho que eres hermosa —repite él agachándose a besar esas cicatrices blancuzcas.
—Sí, sin embargo, me encanta oírlo...