Adrián intentó marcharse pero Santiago lo detuvo, la mano fuerte de este último presionó su brazo. Los dos hombres eran del mismo tamaño, Santiago lo miró con ojos afilados y Adrián lo fulminó con la mirada, este último bajo la mirada a la mano que sostenía su brazo. Ante esa mirada, Santiago lo soltó y replicó.
- Ni crees que me la vas a quitar, ella es mía y ni tu ni nadie evitará que la convierta en mi esposa.
Adrián sonrió de medio lado, la sonrisa junto a su rostro, le hicieron ver hermoso, suspiró hondo y expulso el aire que había inhalado.
- Tuya ¿estás segura que es...