Chapter 4 no mueras

Chapter 4 no mueras

Era un día luminoso en la capital de Ecuador. El sol resplandeciente había apartado las nubes dejando un cielo despejado e infinitamente azul.

En la mansión Rúales, un niño jugaba con su dinosaurio, al mismo tiempo observaba la televisión imitando los movimientos que realizaban los dibujos.

En el mismo salón, se encontraba un apuesto y acaudalado hombre leyendo el periódico. Santiago Rúales observaba sobre el filo del periódico a su pequeño hijo bailar, saltar y cantar como lo hacían los dibujos. La alegría con la que realizaba las imitaciones, le hacía sentir feliz. Soltó un suspiro profundo y continuó mirándole prudentemente.

Estaba tan concentrado observando a su hijo, y cuando unos labios rozaron su cuello, provocando una tensión en su cuerpo, rápidamente se giró a ver.

—¿Qué haces? —. Cuestionó el hombre mirándole con frialdad.

—San...

—No me llames así. Solo ella tiene permitido llamarme de esa forma—. Bramó mirándola con enojo.

—¡Perdón!

La imprudencia de su cuñada le molestó, y no solo a él, también al pequeño Matías, el cual lanzó el dinosaurio por los pies de su tía, para luego correr hasta la habitación donde se encontraba otra mujer.

Lentamente abrió la puerta, suspiró al ver a su madre sobre la cama. Con la poca fuerza que le quedaba, Lucero Fuentes, le regaló una sonrisa a su hijo.

—Mi Mati—. Aquel niño corrió a la cama, se recostó junto a ella, al mismo tiempo palmó un beso en la frente de su madre, se metió bajo de las sábanas y musitó.

—¡No quiero que te mueras mamá! —, con esa petición hizo trizas el corazón de Lucero.

Ante la solicitud del pequeño, la mujer con cáncer terminal sonrió y preguntó.

—¿Quién dijo que moriré? — Cuestionó al besar la cabecita de Matías.

Con los ojitos iluminados, Matías miró a su madre, esa triste mirada verdosa terminó soltando una lágrima.

—La tía Lore.

¡Maldita bruja! Murmuró para sí misma Lucero. Deseaba poder levantarse y arrastrar a su hermana de los cabellos, por haberle hablado de esas cosas a su pequeño hijo.

—La tía Lorena solo estaba bromeando—. Expresó. Fue lo único que se le ocurrió decir para animar el corazoncito de su tierno niño.

—No mamá, ella dijo que no era broma, también dijo que cuando mueras se casaría con papá y me mandaría en un recorrido del basurero—. Formó un puchero, al mismo tiempo dejó rodar las lágrimas —Mamá—, pronunció con la vocecita aguda —No te mueras, no permitas que me mande en el basurero ¡me da miedo!

Esa petición, formó un nudo en la garganta de Lucero. Las lágrimas que había retenido se desmigajaron. Ella tampoco quería morir.

—La tía Lorena no se casará con papá, ni te lastimará, ¿Sabes por qué? —. El pequeño ladeó la cabeza, —Papá ama a mamá y no a la bruja de la Tía Lorena. Además, papá nunca, pero nunca dejará que lastimen a su príncipe, ¿comprendes?

Por otra parte, en la sala, Lorena se quedó sonriendo ante la grosería del pequeño. En sus malvados pensamientos, maldecía aquel niño que había llegado a la vida de su amado Santiago.

—Está algo malcriado Matías, ¿no lo crees?

—La verdad es que no. Mi hijo es un niño muy educado—. Respondió Santiago mientras dejaba el periódico a un lado y se retiraba de la sala.

La mujer ajustó los dientes, soltó un suspiro para tratar de aplacar la irritación que le causó ver la grosería de Matías.

—Mocoso impertinente—. Replicó mientras alzaba el juguete y lo colocaba en su lugar.

Sacudió sus palmas para luego arreglar su hermoso cabello y finalmente rodar sus manos por su vestido ajustado. Se miró al espejo, recalcó su labial y apretó los labios —Paciencia Lore, paciencia. En unos meses más, será tuyo.

Santiago llegó a la habitación de su esposa, la miró con amor mientras hacía débiles cosquillas a su hijo. Ella, estiró la mano para que se acercara. Sin poder negarse, Santiago se recostó a un lado y la abrazó.

—Te amo, le susurró al oído—. Ella lo miró, acarició el hermoso rostro y suspiró. El pequeño se levantó y se marchó.

—Debes olvidarme—. Aconsejo con voz débil.

El corazón de Santiago se hizo añicos, un nudo se estancó en su garganta, y las palabras le salieron entrecortadas.

—Nunca. Nunca te voy a olvidar—. Informó al apretarla ama entre sus brazos y dejar un beso en su frente.

—Cuando muera, debes buscar una nueva esposa.

El corazón de Santiago se hizo trizas, solo de imaginar ese día, era como si un hacha lo dividiera en dos.

—No quiero hablar de eso—. Informó con tristeza.

—Tenemos que hablarlo amor. Ya queda poco tiempo, quizás días. Y cuando ese día llegue, quiero que sigas con tu vida. Debes buscar otra esposa, darle una buena madre a Matías…

—¡Basta! —. Gruñó fastidiado —¡No quiero que pases tus últimos días pensando en eso! —. La besó y lloró. —¡No entiendes que muero por dentro solo de pensar que te perderé! —, hizo una pausa —Lucero, no sé si pueda superarlo, eres mi vida ¿entiende? —, la abrazó más fuerte.

—Podrás, por Matías debes poder.

«FLASHBACK.

A los veintiún años se casaron, viviendo un año de matrimonio feliz, lastimosamente no habían logrado concebir. No solo era su obligación parir un hijo varón, también era algo que deseaba y añoraba. Al no poder lograrlo en un año, se realizaron los exámenes y descubrieron que Lucero no podía tener hijos, porque tenía un problema en el útero, el cuál terminó por acabar con sus ilusiones de darle un hijo a su esposo.

Un cáncer muy avanzado acabo con sus sueños, y todos los planes que tenían como pareja. Tuvieron que extraerle el útero para poder salvarle la vida. Con ello, Santiago debía divorciarse y buscar una nueva esposa, alguien que le diera un hijo varón, no obstante, decidió continuar con lucero. Con esa decisión incumplió una y la más importante cláusula del contrato, darle un heredero a los Rúales.

A él no le importó tal acuerdo, amaba lo suficiente a Lucero como para abandonarla, más en los peores momentos de su vida. Era un hombre correcto, que jamás lastimaría el corazón de una mujer, mucho menos, si la amaba con toda su alma.

Aún en contra de su familia se quedó al lado de su esposa, cuidándola y apoyándola en ese duro momento.

Después de un año decidieron adoptar. Lucero tenía mucho amor para dar, así que decidió darle un hogar a un niño que no lo tuviera, y Santiago vivía para complacerla, él solo quería que ella estuviera bien, por tal razón, aceptó adoptar.

Dias después, una llamada alegro sus corazones. Había aparecido un recién nacido, y ellos fueron los elegidos para transformarse en los padres de esa criatura. Sin pensarlo dos veces, se encaminaron hasta el lugar y obtuvieron a su hijo.

Los ojos de Lucero y Santiago brillaron cuando lo tuvieron en sus manos. Las monjas sabían que ese niño tendría los mejores padres del mundo, que nadie más que Santiago y lucero podrían cuidar y darle el amor que los padres verdaderos no le dieron. Desde aquella noche, Lucero y Santiago amaron al pequeño como si fuera nacido de sus entrañas.

Vivieron cuatro años feliz junto al pequeño Matías, eran la pareja envidiable por todas las parejas jóvenes, entre ellas estaba su hermana, quien toda su vida estuvo enamorada de Santiago.

Hace un año atrás, a Lucero le detectaron nuevamente el cáncer. En esta vez se había esparcido por todos sus órganos, había crecido de una forma rápida.

Ese diagnóstico fue como una punzada en el pecho de Santiago, su corazón se rompió en mil pedazos al saber que su esposa no sobreviviría.

No se quedó con ese diagnóstico, buscó constantemente otros doctores, viajo a otros países en busca de la salvación para su esposa, y un alivio para su alma. Pero todos los médicos le dieron el mismo diagnóstico, (la muerte para su amada Lucero).

El resto de los meses se dedicó de lleno a ella. Dejó de lado los negocios confiando cien por ciento en su mano derecha, el cual lo había acompañado desde su inicio al poder.

Desde hace dos meses su amada Lucero cayó en cama, desde entonces no se había vuelto a levantar. La vida de Santiago cambió por completo, se encontraba abatido en el dolor al ver a su esposa en ese estado, tras de eso, con las constantes preguntas de su hijo, que cada día investigaba, ¿Por qué su mamá no se levantaba de la cama? Y tantas cosas más.

En esos días difíciles apareció Lorena, la hermana de su esposa. Esta se ofreció ayudarlo, al ser la única familia de Lucero que se presentó después del diagnóstico, la dejó ingresar a su casa. Pensó que no le venía nada mal una ayudita, ya que muchas veces necesitaba salir y su esposa quedaba a cargo de los empleados, incluso su hijo.

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