Tal como lo acordaron, cinco de la mañana Erika Vélez se encontró con Santi Rúales, ambos suspiraron y se tomaron de la manos, seguido corrieron por el largo camino que los llevaría directo a una posa cristalina, donde el agua era tan clara como el mismo cristal. Dentro de una hora llegaron al lugar mágico, despojaron sus prendas y se lanzaron al río.
-Vamos hermosa doncella, lánzate, el agua de este lugar es cálida.
Erika sumergió su pie en el agua, y una vez que comprobó que aquel apuesto joven no mentía, se lanzó a la posa. Ya dentro nadaron varios minutos, una vez que él la agarró y la...