En la capital del país bananero, el helicóptero que venía desde el oriente empezó a descender, una ves pisada tierra firme, los tripulantes empezaron a bajar.
Erika Vélez tomo la mano de Santi y sintió una corriente eléctrica petrificar su corazón. En cuanto a Matías se sentía rabioso, pues ese jovencito estaba seduciendo a su hermana, pues el no quería verla enamorada de nadie, y así no sufriría por amor.
—Erika, vamos— bufo y se retiró
Erika se despidió de Santi y de su futura suegra.
—¿Maite no vienes con nosotros?
—No, yo llevaré a Santi y Alitzel a la hacienda, después visitaremos a mi padre en prisión. Quizás no...