Elijah deja pequeños besos por mi cuello, alabandome como si fuera un dios, la comodidad de estar entre sus brazos es simplemente única, y es que nunca antes alguien me había querido como él lo estaba haciendo.
— Vamos a la habitación por favor. — Elijah no dejaba de manosear todo mi cuerpo, y yo estaba encantada con ello, sin embargo debía detenerlo.
— Espera… — Lo alejo un poco de mi. — Dijiste que veríamos a tu padre.
— Mi padre puede esperar. — Vuelve a acercarse a mi, pero lo detengo. — Vamos con tu padre, me enseñas todo este lugar y luego tendremos lo que más anhelas. ...