Un grito largo y delicioso abandona su garganta que a su vez va acompañado de la humedad que sale de ella, Elizabeth hunde los talones en la cama y se mantiene rígida mientras el orgasmo la avasalla y la deja completamente desconectada de la realidad, lentamente se va relajando y cede bajo su propio peso, cuando su espalda se apoya por completo en el superficie de la cama comienza a temblar ligeramente y rio.
Relamo mis labios saboreándola y me encamino sobre ella, sus ojos están cerrados, sus labios entreabiertos y se respiración es un puto caos del cual me siento increíblemente orgulloso. Entierro mi rostro en su cuello descubriendo...