En ese momento las puertas del ascensor vuelven abrirse, entran un par de personas que al verlo le saludan con amabilidad pero el magnate simplemente asiente con la cabeza por lo que todo el mundo se pone firme y nadie vuelve a mirarlo.
— Alfred tienes la tarde libre si te necesito te llamare — finaliza nuevamente la llamada y me ve de reojos.
Yo siento que están mirándome con rayos laser y el nerviosismo, mezclado con la ansiedad y la excitación están haciendo mella en mi respiración. Las puertas vuelven abrirse una vez más y descienden casi todas las personas, solo quedamos el, otro hombre y yo. Al llegar...