Mientras andamos por el pasillo noto que realmente el lugar no es tan opulento, ni sofisticado como pensé, solo es un laboratorio experimental de poca monta, suspiro porque quizás haya perdido mi tiempo al venir aquí y el tal doctor Alabi sea un completo inútil.
Al llegar a una puerta donde pone el apellido del científico, el hombre de seguridad da un par de golpes en la puerta y una voz femenina responde del otro lado en el mismo idioma en que el hombre converso por teléfono.
— Pase, está esperándolo — el hombre abre la puerta y me deja entrar.
A diferencia del resto del laboratorio lo que tengo...