Kai Metzler.
No pude resistirme, no cuando la tengo tan jodidamente cerca mirándome como lo hace, sé que ni lo nota, pero sus ojos constantemente me devoran y desvisten, como ¿resistirme a eso, a ella? Es simplemente imposible.
Deslizo mis dedos sobre la piel de sus piernas hasta alcanzar sus tobillos donde los tirantes de las sandalias están atados, separo sus piernas de mis caderas con mis ojos fijos en los suyos, Elizabeth tiene la jodida mala costumbre de morder sus labios y lo hace con tanta fuerza que se lastima y ni siquiera se da cuenta de ello.
— No lo hagas te haces daño — le murmuro sin...