Kai Metzler.
Firmo los documentos que Kenya deja frente a mí, los organizo y se los tiendo para que los archive y envié las copias correspondientes, respiro profundo y tallo mis ojos una vez más, el puto dolor de cabeza que se ha instalado en ella desde hace dos malditas semanas no merma, se mantiene constante y punzante, justo como el puto recordatorio que la periodista me dejo esa noche. Acaricio una vez más mi mejilla sin lograr comprender porque coño se puso así.
¿Qué es lo que está pasando para que haya decidido salir de aquí de esa maldita manera como si alguien la persiguiera y además luego huyera...