Sus manos acariciaban mi piel de forma tranquila y suave, habría pasado por una caricia inocente si cada que ascendía por mi abdomen y descendía de regreso bajaba más y más, pronto sus dedos estaban en mi entrepierna, mientras sus ojos se apartaban de los míos. Joder como me pone la forma en que me mira, como sus ojos calcinan mi ser y me deshacen. Sus dedos simplemente se dedicaron a acariciar suavemente mi clítoris, esos roces suaves y hasta tímidos poco a poco me fueron calentando, elevando mi deseo.
— Me parece que alguien está deseando algo... — murmuro con una sonrisa pícara en los labios de esas baja...