Kai Metzler.
Gotas de lluvia…
Caen sobre mi cabeza, empapando mi capucha y mi cuerpo, mientras corro por la vereda del exclusivo complejo de mansiones en el que vivo. No soportaba más hacer ejercicio en casa, no era suficiente reventarme la vida en la corredora o matarme haciendo abdominales, nada de eso estaba funcionando para despejarme. Ahora tampoco es que funcione mucho pero el agua aunada al frio que hace al menos me distrae un poco de mi más grande distracción.
La maldita boda de la periodista, solo faltan horas para que se case con el idiota del abogaducho y siento que con cada minuto que pasa estoy más cerca...