Cuando voy a responderle una vez más el timbre suena interrumpiendo nuestra conversación, pongo los ojos en blanco y respiro resignada no tiene caso los dos son tal para cual. Camino hasta la puerta donde esta vez, si está el repartidor de pizza con nuestra orden. El rubio me dedica una sonrisa encantadora antes de entregar el pedido y despedirse de mi con un guiño de sus ojos azules.
Cuando entro en la cocina nuevamente Simond está devorando a mi mejor amiga como si el mundo fuera acabarse en los próximos segundos y no volverá a verla nunca más.
— Consíganse una habitación — les espeto a ambos que ríen...