Me pongo en pie de un golpe y rodeo la mesa caminando hacia ella con rapidez, acortando nuestra distancia, parece sorprendida y algo intimidada por mi reacción, cuando estoy a solo centímetros de ella su respiración se acelera y sus pupilas se dilatan, respuestas involuntarias de lo que provocan mi cercanía.
Disfruto por unos segundos de como su cuerpo reacciona a mi sin que ella lo note y honestamente lo disfruto, pero luego recuerdo que acaba de llamarme idiota una vez más y aunque se me antoje interesante que su cuerpo la delate de esta manera, la libertad que sigue tomándose conmigo me cabrea.
— ¿Cuál es su puto empeño...