Alexa todavía seguía asustada, un poco nerviosa en la habitación en la que había despertado con demasiadas miradas llenas incertidumbre y sorpresa clavadas en ella; se sentía fatal y sabía que ahora mismo escucharía lo que ese hombre pensaba de todo lo que estaba pasando. De seguro ni siquiera quería ese hijo, pero ella no lo sabría hasta que se lo dijera.
—Carlo, déjanos solos, por favor —le pidió a su hermano después de recuperarse de aquel estado de shock en el que entró, tras saber la noticia.
Todo era un completo desastre.
—Lo siento —había pronunciado otra vez la muchacha como si solamente ella era culpable de que una...