— Veo que tiene frío ¿Quiere un abrazo para calentarla? — me dijo una voz femenina.
Realmente ya me estaba dando frío, pero de que si me salía, me daría más frío.
— Gracias me caería muy bien.
Ella solo vino, se acomodo en mi espalda y me empezó a abrazar, pero a la vez podía sentir la punta de sus pezones rozándome.
— Que rico se siente esto — dije.
— Si tu quisieras, pudiéramos calentarnos de otra manera.
— Asi ¿Cómo?
Ella solo vino se puso delante de mi y comenzó a besarme.
— Si vienes conmigo, puedo decirle a mi marido que nos ayude a calentarnos, pero...