Conduje en silencio, concentrándome en el camino. Stuart parloteaba sin cesar, poniéndome al día, como si me importase, sobre su trabajo, el negocio de mi mamá y por supuesto, mi mamá. Intentaba hacerme reír y participar en la charla, pero yo permanecí inmutable. La sangre me hirvió y aún así no quise reaccionar de ninguna forma cuando me contó como si fuese su mejor gracia, que mi mamá creía que él estaba en un viaje de negocios; y apreté con fuerza mis manos y dientes cuando me contó que la abandonaría para estar conmigo.
Llevaba poco más de una hora y media de recorrido, aturdida por su incesante charla, cuando...