Jamás imaginó que esto iba a suceder, pero estaba pasando. El día de su boda junto a Henrick, su excuñado, había llegado.
«¿Quién lo diría?», se preguntó viendo la hermosa iglesia que tenía delante.
El lugar estaba lleno de flores blancas y rosas, y el aire estaba lleno de la fragancia de los pétalos. El altar estaba decorado con una gran corona de flores, y en el centro había un arco de rosas y lirios.
Se sentía radiante con su vestido de novia blanco. El vestido tenía un escote de corazón y una falda de tul que le llegaba hasta los pies. Llevaba un ramo de rosas blancas en la...