La puerta se cerró con un ligero sonido. Hombre y mujer se miraron fijamente al encontrarse completamente solos en esas cuatro paredes. Las manos de Eloísa se empuñaron como clara muestra de su irritación y odio creciente.
—Usted…—miró al hombre con una repulsión latente. Deseaba tanto gritar y decirle una serie de insultos, pero sabía que debía mantener la compostura, su hermana estaba afuera y podía darse cuenta de todo.
—¿De qué querías hablar, Eloísa?—preguntó Henrick mostrándose indiferente.
—¿De qué?—boqueo la mujer, sin poder creerse su descarado—. ¿Le parece que no hay tema de conversación suficiente?
—Me temo que no—la voz del hombre era extremadamente fría—, todo quedó bastante claro...