Dos.
Dos.
Dos.
Eloísa salió del consultorio sintiéndose mareada, su hermana la esperaba en el exterior del mismo, sin sospechar nada de lo que había ocurrido dentro de esas cuatro paredes.
—¿Qué pasa, Isa? Estás muy pálida—se preocupó Helena al detallar en el aspecto de su cara, pero sin duda su palidez era el último de sus problemas. El verdadero problema de Eloísa, radicaba en su interior, dónde dos bebés se formaban. Y no, no eran las criaturas en sí el inconveniente, sino el padre de las mismas.
«¿Cómo pudo pasar esto?», se preguntó la joven, negando ante la pregunta de su hermana y continuando su camino como si nada....