—Tienes el aroma de otro hombre— gruñe, con los brazos aún envueltos alrededor de mí.
—No te preocupes, es mi padre— respondo sonriendo mientras pongo los ojos en blanco. Él se aparta un poco, pareciendo calmarse un poco.
—Quiero cambiarme de ropa, ese lugar no era nada bonito ni limpio, pero antes de hacerlo quiero mostrarte algo— digo, tomando su mano, pero él me detiene. Sacude la cabeza y yo le lanzo una mirada.
—Aunque ese aroma sea el de tu padre, no quiero que mi compañera huela a otro hombre. Cambiarás primero— me ordena, antes de jalarme hacia el piso superior y llevarme a la habitación para que me...