—Ya sé la respuesta, pero tengo que preguntar. Pareces tan incómodo con esas cadenas detrás de tu espalda, si les digo a los guardias que te desaten las manos, ¿no intentarás atacarme?— le pregunto, mirándolo. Inmediatamente niega con la cabeza, luciendo algo herido.
—Nunca te haría daño, eres mi niña— dice, lo que me hace sonreír. Le indico a los guardias que le desaten las manos, y ellos lo hacen antes de retirarse.
—¿Qué te pasó en el brazo?— pregunta, mirando mi yeso. Todos parecen mencionarlo cuando me ven.
—Hubo una explosión en el castillo, causada por un hombre muy malo. Me lanzó hacia atrás, pero estoy bien. Pronto me...