—¿Te vas?
De repente, a Seve le costaba aceptar que Lionel se fuera.
Este sentimiento era realmente contradictorio y confuso, pues sabía que los resultados aún no se habían dado, pero en su corazón estaba convencido de que Lionel era su hijo, ¿por qué, si no, se opondría tanto a él?
Parece que solo pensando de esa manera, su corazón podía calmarse un poco, y la culpa y el arrepentimiento que sentía disminuían.
Lionel miraba el abrigo que tenía en la mano, sabiendo que iba a salir, pero solo asintió ligeramente.
José salió corriendo de la habitación, gritando mientras corría:
—¡Lionel, ven a visitarme mañana!
Al levantar la vista, vio...