Seve Gonzalo extrañaba la manera en que ella se comportaba como una dama.
Le lanzó una mirada subconsciente a Nohemi Begas y notó el rubor en su rostro; de repente, toda la depresión y la incomodidad en su corazón desaparecieron, como si el tiempo hubiera retrocedido cinco años, hasta aquella Nohemi Begas que pensaba en él antes que nada y lo amaba con todo su ser.
Los ojos de Seve Gonzalo se suavizaron un poco, y hasta las comisuras de sus labios se elevaron ligeramente, claramente de buen ánimo.
El gerente del hall vio los sutiles cambios en Seve Gonzalo y, con comprensión, dijo:
—Hay una suite presidencial, señor. Le...