Cuando creí que mi día no podría empeorar.
El mismo diablo toca mi puerta con una propuesta.
Pero, ¿a cambio de qué?
Nada bueno.
Con desconfianza y sin bajar el atizador lo observo caminar por el salón de mi departamento.
Su mirada lo ve todo y evito pensar en el hecho que Elliot está en mi departamento.
Odio que siga viéndose tan imponente y seguro de sí mismo como hace tres años.
Es un cabrón de mierda.
Es el hombre que nos dio la patadita en el culo, querida.
Hago una mueca cuando mi estúpida e impertinente consciencia asoma su fea cara.
—Baja ese atizador— dice sin mirarme —Tienes mayores...