Dieciséis horas Después, aterrizamos en el aeropuerto internacional de Palermo.
¿Fue un vuelo difícil?
Sí.
Sobre todo, cuando Alessandro se acostó junto a mí, para dormir un poco.
Flashback.
—¿Qué estás haciendo? — inquiero, sentándome en la cama.
Alessandro, está acostado junto a mí y tiene los ojos cerrados.
— No jodas, Kate. Estoy cansado y quiero dormir un poco.
— No jodas, ¡Tú! — siseo.
— Tienes dos opciones — dice en voz baja. —Duermes aquí sin preocuparte de que vaya a asaltarte, o te vas al frente y duermes en uno de los asientos del avión. No tengo problema.
Resoplo.
— Eres un pendejo arrogante ¿Lo sabías?...