Ignoro el llamado de Alessandro y salgo la terraza. La misma, tienen una puerta que da directamente a la playa.
Así que la abro, y me deshago de mis sandalias en tiempo récord.
Avanzo por la arena.
—No puedes huir de mí eternamente.
—Mira como lo hago —abro los brazos con chulería y sin voltear a verlo.
—Detente— su voz se escucha muy cerca y lo compruebo cuando su mano me toma del brazo dándome la vuelta.
—Suéltame— lo miro a los ojos con rabia.
—No, hasta que hablemos.
—Dejaste todo claro la última vez que estuvimos en un mismo espacio.
—Te fuiste
—Era lo que todos querían.
Niega y...