—Al fin libre —comentó Horatio en cuanto comenzaron a alejarse del hospital.
Isla sacudió la cabeza.
—No sé de qué te quejas, si parecías bastante feliz con toda la atención que estabas recibiendo. —No iba a decirlo en voz alta, pero algunas enfermeras se habían mostrado demasiado serviciales para su gusto.
—Alguien parece celosa —comentó Horatio y la tomó de la mejilla para darle un suave beso—. No tienes que estarlo, solo tengo ojos para ti. —Él la besó otra vez, pero esta vez el beso duró mucho más.
Era fácil creer con él cuando sus acciones iban concordes a ellas. Horatio se había mostrado respetuoso con todo el personal...