Para todos era un hecho que Violet había cambiado por completo en su primer año de universidad. Con solo mencionar que llegó con un novio a la casa de la abuela, se sabía que ya no era la inocente Violet.
Violet tenía novio. Ya era un hecho. Pero por más que el señor Arturo intentara aceptarlo, se le hacía difícil.
Para Gabriel fue evidente que no le agradó en lo absoluto a su suegro. Sabía que debía dejarse conocer más por el señor en aquellos días: ese era su reto más grande de las vacaciones. Afortunadamente, a su suegra, Camila, le agradó desde primer momento; solo debió ofrecerse a ayudarles...