Caminar por aquel lugar parece tan sencillo de ver y en parte lo es, pero como el bosque es una fracción de la frontera imaginaria que divide a ambas ciudades por igual la tranquilidad no comporta ante todo un hecho estrictamente perceptible allí por lo que el silencio es un arma de doble filo aquí.
Los estallidos de violencia entre manadas contrarias a veces suelen ser bien desastrosos de modo que pueden escucharse los gritos de dolor incluso a cientos de kilómetros a la redonda tras acabar las brutales peleas que aquí se forman, por tanto, el caos suele pesar más allá de la incidencia que la misma luz proporciona...