— Sin duda alguna nos estaban esperando — replicó Lina con evidente sorpresa.
Aquella chica sin perder tiempo se acercó hasta la puerta contemplando su nombre tan perfectamente inscrito ante la misma, entre sus manos estrecho el pomo que permitía el acceso al interior de aquella recamara mientras no obstante con cuidado le giró sobre su propio eje y aquella puerta como si nada cedió ante sus manos dejando visible a sus ojos lo que allí se escondía.
— Dios santo es espectacularmente hermoso — murmuro Lina perpleja con gran emoción.
Yo al verla actuar así tenía la intención de acercarme a ella pues la curiosidad y la inquietud me...